Una lección de democracia
La mayoría de vosotros habrá sentido, como yo, envidia sana viendo la toma de posesión de Obama. Más de 2 millones de ciudadanos celebrando la gran fiesta de la democracia, la investidura del nuevo presidente. Qué elegancia entre Bush, Obama y McCain pese a sus diferencias ideológicas. Saben distinguir entre la rivalidad partidista y el respeto al gobierno, el de todos. La generosidad democrática va más allá de las élites políticas. Ciudadanos de a pie presentes en la ceremonia y que votaron al candidato republicano se mostraban emocionados ante las cámaras. Era fácil emocionarse incluso viéndolo por televisión.
Estas navidades he pasado unos días en Washington. Lo primero que te llama la atención es la amabilidad y educación de sus habitantes. Desde el primer momento te transmite que es la capital de Estados Unidos. Todo está bien pensado, las amplias avenidas, la gran estación y los inmensos parques. El Capitolio, el Memorial a Lincoln, el Obelisco y todo su entorno es de una magnitud y presencia que te deja con la boca abierta. Es cierto que también es una ciudad triste, administrativa, muy distinta a otras ciudades americanas.
Por último, unas palabras de Obama que marcan la diferencia “los retos a los que nos enfrentamos son graves y son muchos. NO LOS VAMOS A PODER SUPERAR FÁCILMENTE, NI EN UN CORTO PERIODO DE TIEMPO, pero vamos a superarlos. En este día nos reunimos porque hemos elegido la esperanza por encima del miedo, la unidad por encima del conflicto o la discordia”.




