Telmo Martin, una gestion para el cambio
Sep
21

Regeneración democrática

Lores se niega sistemáticamente a responder cualquier pregunta de la oposición en el Pleno. Hasta el punto de que las que le hemos hecho durante la legislatura las han contestado siempre otros concejales, generalmente Mosquera. Su estrategia ha llegado incluso más lejos al negarse a participar en el debate del “estado del Concello” el año pasado. Su negativa a dar cuentas en el Pleno, máximo órgano de la política municipal, me parece un desprecio a las reglas más básicas de la democracia, a la oposición y a los pontevedreses. Él verá lo que hace, espero que rectifique, porque lo que sí le garantizo es que no vamos a renunciar a preguntarle.

Este viernes le preguntamos por el intento de la anterior Xunta de quitarle a Pontevedra el juzgado de lo Mercantil nº 2 y llevárselo a Vigo. Una vez más se parapetó en Mosquera que en su respuesta se “fue por los cerros de Úbeda”. Si analizamos la estrategia de Lores con cierta perspectiva tampoco debe extrañarnos. De hecho, en la anterior legislatura, cambió el reglamento municipal para disponer de mayor ventaja en los plenos. Pero como en los primeros meses de esta legislatura comprobó que, aún así, poníamos a sus concejales en algún brete, no dudó en promover nuevos cambios que les dieran todavía más ventajas.

Pese a que la diferencia de concejales entre gobierno y oposición es la mínima posible, el reparto de turnos en los plenos es desproporcionadamente favorable al gobierno. Normalmente los gobiernos siempre gozan de ventaja, pero en el caso del Concello de Pontevedra es exagerada. El gobierno dispone del doble de tiempo cuando el asunto lo propone la oposición y del triple si la iniciativa es suya. Tampoco en el turno de preguntas los plenos del Concello de Pontevedra se parecen al Parlamento Gallego y al Congreso de los Diputados, donde Feijóo y Zapatero contestan semanalmente a la oposición. Lores, de momento, se niega a hacerlo y eso que en su caso lo tendría que hacer solo una vez al mes. Un síntoma más de la regeneración democrática que necesita la vida municipal en Pontevedra.