El pasado domingo ABC publicó en su tercera un interesantÃsimo artÃculo de Emilio Lamo de Espinosa: falsos paradigmas del postfranquismo. Es uno de los intelectuales más relevantes que ocupó importantes cargos en los gobiernos de Felipe González. El artÃculo concluye que “puede que la verdadera segunda Transición sea pasar desde una democracia antifranquista que ve el mundo por el espejo del retrovisor a una democracia a secas que mira de frente al futuro”.
Lamo de Espinosa cree que “nos encontramos en un punto de inflexión de la cultura democrática española marcada por la doble hegemonÃa nacionalista y de izquierdas”. Ambas ideologÃas están muy unidas desde que Zapatero fue elegido Secretario General del PSOE. El autor reflexiona sobre la izquierda española que, aunque siempre fue antinacionalista y solidaria, en los últimos tiempos ha querido entenderse con quienes persiguen privilegios a costa de otros.
La hegemonÃa de la izquierda desde la muerte del dictador ha derivado en un sentimiento de superioridad moral “hasta el punto de creer que la democracia es suya y la derecha (<<fascista>>, por supuesto) debe ser vigilada detrás de un <<cordón sanitario>>”. En esta perversión de la realidad “aparecen teñidos de franquismo no ya la bandera, el castellano o la patria, incluso los toros y la mantilla, los curas, los pantanos y la polÃtica hidráulica, a veces incluso la contabilidad y el mismo principio de la realidad”.
“la igualdad ante la ley y la centralización administrativa, que fue siempre jacobina y de izquierdas hoy es franquista, mientras que la descentralización y la desigualdad jurÃdica (incluso bordeando el privilegio medieval), escondidas tras el discurso fuerista de la <<diversidad>>, resultan ser, ¡vaya sorpresa!, progresistas y de izquierdas”.
“El nacionalismo goza de una hegemonÃa muy superior a su apoyo real. La exhibición de banderas nacionalistas es un acto de libertad que se contempla con emoción, pero la de banderas españolas es irritante, sus himnos se escuchan con respeto, el de España con rechifla…”
“Ten cuidado con tus enemigos, pues acabaras pareciéndote a ellos. Y asà nada más parecido al viejo nacionalismo españolista que estos nuevos nacionalismos (y nada más franquista, por cierto, que la violencia de ETA misma): si aquel se empeñó en construir una Nación homogénea desde el Estado, si tachaba al enemigo de antipatriota (la anti-España), si imponÃa una lengua a costa de la otra, ¿no hacen ahora lo mismo?”
El autor mantiene que esta etapa de la democracia española ha llegado a su fin. Y es el momento de mirar hacia el futuro y de que la izquierda española se revise a sà misma y consiga superar sus obsesiones antifranquistas. Que asà sea por el bien de todos.